martes, 27 de diciembre de 2011

La voz grave

Tener voz de barítono o de bajo da un toque molón a la hora de cantar:

Música chunga, llámese gótica, satánica y también rock, metal, etcétera:



Pero también hay quien hizo carrera con la voz grave (eso sí, más acariciadora) cantando temas pasteleros:



Y quien la utiliza para hacer covers:

viernes, 23 de diciembre de 2011

Crítica de Bar: El páramo


No es ningún secreto que la zona de Bolonia – La paz es del gusto goliardesco y resultaba imperdonable no haber escrito una crítica sobre el bar que lleva más tiempo sobreviviendo los vaivenes de la farra mañolandesa: El páramo.

Siendo un todavía un borracho de teta salía por los alrededores y me llamaba la atención esa calavera bovina rodeada por un neón rojo, pero por entonces no me atrevía a entrar e hice bien, no estaba preparado, porque El páramo es un bar para decanos de la noche. Y no me refiero a la edad, sino a la experiencia y capacidad de disfrute de su ambiente crepuscular. 

Con decoración en madera y western, carteles de Pancho Villa y de Tom Waits, poca luz y hasta una máquina de paintball, es fácil detectar que se trata de un bar con carácter, disímil a cualquier otro de la urbe. A la entrada hay unos postes donde dejar el hipotético caballo, luego una larga barra y, al fondo, una zona con alguna mesa que se puede transformar en un pequeño escenario para conciertos y donde, incluso, he visto proyectar alguna película muda.

Abre casi todos los días y es muy recomendable para tomar una copa o unas cervezas relajadas, disfrutando de una buena conversación y de la música. Predomina el rock pero según el día se puede escuchar jazz, blues, hardcore, soul, folk, cuntry... u otros sonidos siempre fuera de lo comercial.

El ambiente... ya lo he dicho: para decanos de la noche, se ven pocos chavales, hay más bien gente de veintimuchos para arriba, unos cuantos girados, algún loco interesante, quizá no muchas féminas, pero eso es lo habitual en los bares más apreciados por esta conjura. Y es un sitio bastante familiar, en buena parte porque la concurrencia es fiel y también gracias a la cordialidad de los dueños y camareros.

Para este crítico El páramo merece por lo menos 5 BOBs.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Los goliardos ponen escena a My alcoholic friends de The dresden dolls.


Imagen de un puerto en el amanecer gris de un día nublado. Ha llovido. A un lado se ve el mar, confundido con el cielo bajo la luz pálida, al otro una fila de casas blancas, con los marcos de las puertas y ventanas pintados de colores vivos, un neón anuncia un bar. Se apagan las farolas y una chica alta y delgada, con un largo abrigo sale tambaleándose del tugurio. La cámara permanece estática y alejada de la escena. Ella se detiene a unos metros de la puerta del bar y se da la vuelta para mirarlo. Luego sigue caminando, titubeante, hasta que sale de campo.

La cámara la sigue ahora desde atrás, mostrando su melena castaña y despeinada, se la rasca torpemente un par de veces. De repente la cabeza desciende y sale de campo, se le oye vomitar. De fondo se ve, desenfocado, un pequeño parque con unos columpios y un tobogán. La cabeza vuelve y la cámara avanza con ella hasta los columpios.

Al llegar la cámara se detiene, la chica se sienta en el columpio, al girarse vemos su rostro, se le ha corrido el rímel y tiene la cara sucia pero es hermosa. Apoya su cabeza sobre la cuerda del columpio y entorna los ojos, apenas se balancea, parece triste. Luego sonríe, mira hacia el suelo, claramente ebria, recordando algo.

Cambio de cámara, ahora se ve a media distancia el columpio desde detrás, con el mar de fondo, la luz sigue siendo entre gris y azulada. La chica se levanta y empieza a caminar como si volviera al bar pero se da la vuelta y va en dirección contraria hasta salir de campo.

Imagen de una puerta, la mano de la chica llama al timbre y al rato aparece un chico con una camiseta blanca, se acaba de despertar. Parece sorprendido.

-          ¿Qué...? ¿Qué haces aquí?
-          (Primer plano de ella, ajada, entrañable, muy borracha, no le mira a los ojos) Quería... quería columpiarme y yo sola no puedo... Ven conmigo.
-          (Primer plano de él) Pero... (mira dentro de casa y vuelve a mirarla a ella, sonríe).

Vemos cómo ella se da la vuelta y empieza a caminar, pisa un charco y dice, sin mirarle:

-          Trae vino.

Él se echa a reír y va a buscar una botella, deja la puerta abierta, aparece con un abrigo encima de la camiseta y una botella de vino. Corre a buscarla. La cámara permanece donde estaba pero se gira para que veamos cómo la alcanza y la rodea con el brazo. Se alejan.

sábado, 17 de diciembre de 2011

A los treinta años, Cristo empieza a predicar


Mateo 4:12-23

 Cuando Jesús oyó que habían encarcelado a Juan, regresó a Galilea. Partió de Nazaret y se fue a vivir a Capernaúm, que está junto al lago en la región de Zabulón y de Neftalí, para cumplir lo dicho por el profeta Isaías:

    «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; el pueblo que habitaba en la oscuridad ha visto una gran luz; sobre los que vivían en densas tinieblas la luz ha resplandecido.»

Desde entonces comenzó Jesús a predicar: «Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos está cerca.» (extraído de http://www.biblegateway.com)

Siempre que encuentro movidas como ésta me digo que debería leerme la Biblia. 

miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Por qué nos gustan tanto las camareras?

El otro día, el ilustre blogger Raúl nos recomendó escuchar la siguiente canción:



Y ésta, además de satisfacer el gusto goliardesco (y resultar extrañamente cercana a algunos) nos hizo rememorar la infinidad de camareras que han pasado por nuestras vidas y nos llevó a preguntarnos ¿por qué nos gustan tanto las camareras? El Dr. Strangelove cree tener algunas respuestas.

Dr. Strangelove: El primer y más obvio motivo para que nos gusten es que las camareras actúan como reclamo de los establecimientos donde trabajan y entre los criterios por los que las eligen la belleza suele tener un papel fundamental. Es decir: las camareras suelen estar buenas.

Además, trabajan en un lugar que los goliardos aman, los bares, y suelen estar oscuros y ellos suelen estar ebrios, todo lo cual invita al enamoramiento, al menos al enamoramiento goliardesco.

Por otra parte, al suministrar alcohol, las camareras ejercen una función básica en la vida de todo goliardo y se asemejan en cierta forma a las enfermeras curando o, al menos, cuidando de sus almas, y esto resulta bastante morboso.

Para finalizar, señalaré que las camareras están a la vista de todos, en no pocas ocasiones son la chica más bella del bar o incluso la única, y su trabajo tras la barra dificulta su huída. Esto despierta dos instintos contrarios en los goliardos, por un lado, el verla asediada ante una turba de degenerados borrachos estimula su instinto protector. Por otro, saber que es deseada por muchos y que generalmente tiene un carácter esquivo y difícil por su dilatada experiencia en deshacerse de pretendientes indeseados, supone un reto harto apetecible.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Down under

Escribo simplemente para comunicar que mi difusa presencia en la blogosfera durante las últimas semanas no se ha debido a ningún hecho traumático. Estaba disfrutando de nuevas aventuras junto a mi tío Matt en un viaje que me ha llevado al quinto continente y al quincuagésimo país que visito.

El de la foto de abajo no soy yo:


Tirando recto por aquí se llega a la Antártida (el agua estaba fría de coj****):


Ya pondré más fotos, aunque lamentablemente mi cámara terminó peor el viaje que yo y no hay testimonio gráfico de gran parte del mismo.

En cuanto aterrice del todo me pongo las pilas y le doy un poco de vidilla al blog, saludos a todos.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Tú pon la música que los goliardos ponen la escena

Porque es miércoles y porque nos apetece, los goliardos hemos decidido inaugurar una nueva sección.

Se abre la participación a los insignes lectores de este excelso blog, concretamente, aquellos que lo tengan a bien, nos pueden mandar una canción que les guste, les parezca curiosa, interesante, les repatee o lo que sea y los goliardos intentaremos convertirla en banda sonora de algo. Es decir, diremos en qué tipo de escena pondríamos esa canción. Si estamos de buenas incluso puede que escribamos dicha escena.

Las canciones se pueden mandar por los comentarios o al correo que viene en el perfil. A ver qué tal va el experimento...

viernes, 25 de noviembre de 2011

El Tribunal Estético de la Inquisición en Mañoland

El Tribunal Estético de la Inquisición tiene bastante trabajo en Mañoland, una ciudad de gente agradable pero poco dada a valorar lo que tiene y tendente a despreciar y destruir su rico patrimonio artístico.

Pero hoy el Tribunal Estético de la Inquisición simplemente quiere llamar la atención sobre un hecho que ocurre en infinidad de lugares. Se trata de edificar sin atender al entorno.

Las casas que ven en las imágenes inferiores son bastante anodinas tirando a feas pero el Tribunal Estético de la Inquisición no se detendría en ellas si no fuera porque están justo enfrente del Pilar, la Seo, la Lonja y el Puente de Piedra, es decir, los lugares más emblemáticos del casco histórico de Mañoland.

Así, mientras los habitantes de estos edificios disfrutan de una privilegiada posición y grandes vistas, los mañolandeses y turistas que van al lugar más sacro de la urbe tienen que sufrir la presencia de tan poco decorosos edificios. Más ahora que se han devuelto a la vida las orillas del Ebro convirtiéndose en un entorno la mar de agradable para el paseo, pero turbado por estos chamizos execrables.


Por lo tanto, el Tribunal Estético de la Inquisición puede condenar y condena:

a una ronda de collejas severas a los aprovechados habitantes de estos edificios.

a morir colgados bocabajo de la torre Noroeste del Pilar a los arquitectos, ingenieros y trabajadores de urbanismo responsables de la existencia de estos engendros en el sacro lugar. Se les arrancarán los párpados para que no puedan dejar de mirar los edificios de enfrente y se les cubrirá de maiz para que los deboren las temibles palomas asesinas de Mañoland.

El Tribunal Estético de la Inquisición ha dicho.

martes, 15 de noviembre de 2011

Cuento luso

Burbujeante expectación en el aeropuerto de Lisboa, en el siguiente avión llega a la capital lusa una de las más bellas estudiantes erasmus del próximo curso, la florentina Giovanna Z.

El avión se aproxima, los fotógrafos intentan superar el cordón policial, sin éxito, algunos jóvenes se desmayan (unos pocos de ellos por el calor, la gran mayoría ante la emoción de ver en persona a la hermosa fémina). La nave se detiene, ¡qué nervios!, la espera se está haciendo interminable, por fin colocan la escalera y... ¡ahí está! ¡ahí está! La espectacular muchacha saluda desde lo alto, sonriente, su cara es todo sonrisa y gafas de sol, astro que brilla en su gracioso pelo. Emprende el descenso, ¡con qué estilo mueve sus interminables piernas! Llegan varias ambulancias para poder atender a todos los desmayados.

La hermosa Giovanna Z. esquiva a la prensa local, sin dejar de ser amable y, cuando llega a la salida de la terminal se sorprende de ver entre la multitud, asomando entre cabezas y cámaras fotográficas, un cartel con su nombre escrito a mano (con mala letra). Lo debe sostener alguien muy bajito, al acercarse, Giovanna Z. descubre por fin al extraño individuo, se trata de el Fary.

Giovanna Z.: Pero... ¿tú no estabas muerto?

El Fary: No, fingí que la palmaba para poder venir a Portugal de incógnito, es que... la ilusión de mi vida era aprender a cantar fados y en España mis productores no me dejaban.

Giovanna Z.: Vaya.

El Fary: Conscientes del barullo que tu visita iba a deparar, me envía el Ministerio de Cultura portugués para que te ayude a encontrar piso.

Giovanna Z.: Gracias, qué amables...

El Fary: De nada, hombre. Sígueme.

Ambos salen para coger un taxi. “Al Largo do Chiado, por favor” indica el célebre cantante.

El Fary: Podríamos tomar algo en el Café a Brasileira antes de ir a mirar los pisos.

Giovanna Z.: Vale.

Y eso hacen. Giovanna pide un café, el Fary un cognac.

El Fary: ¿Sabes? Me encanta Pessoa - y señala la estatua. Entonces, frunce el ceño, hay alguien detrás de Pessoa que asoma un poquito su cabeza, primero junto a la del escritor, luego por el costado, finalmente entre las piernas - ¡Hola! Siéntate con nosotros. Es Dustin Hoffman – explica – que está preparando su primera película como director.

Dustin Hoffman: Así es, quiero filmar una biografía sobre el Fary – saluda a Giovanna Z. con dos besos – Oye, eres realmente preciosa, quizá te interese algún papel en la película.

Giovanna Z.: Oh, gracias Dustin, pero ando un poco liada. De todas formas, pásame el guión que seguro es interesante. Igual cambio de idea.

Dustin Hoffman: Así haré.

El Fary: Estoy ayudándola a buscar piso para su año de erasmus.

Dustin Hoffman: Puedes considerarte afortunado.

El Fary: Sí, la vida siempre me ha sonreído.

Giovanna Z.: Venga ya, basta de adulaciones, me vais a hacer sentir incómoda...

El Fary. Será el cognac, que me pone sentimental. Pero trataré de no ruborizarte, vayamos de inmediato a ver la primera casa.

El popular cantante y Giovanna Z. se despiden del Sr. Hoffman para dirigirse al elevador de Santa Justa, pues el primer piso de la lista que porta el Fary está en la Baixa. “Ese torito, este torito guapoooo”, canturrea mientras descienden y también mientras pasean por el barrio, disfrutando de un día muy agradable.

“Es ahí enfrente”, dice el Fary señalando una casa de azulejos, y ambos cruzan en cuanto pasa un tranvía. Llaman al timbre. Una interferencia delata que han descolgado el telefonillo, pero no se oye a nadie.

El Fary: ¿Señor Marcellini? Soy el Fary, venimos a ver el piso...

Sr. Marcellini: Subid.

Es un viejo edificio, de comienzos del siglo XX. El ascensor, protegido por una reja, está averiado, tienen que utilizar las escaleras. Cuando llegan al tercer piso les espera un hombre de unos setenta años, con coleta, en bata.

Sr. Marcellini: Bienvenidos a mi humilde morada.

Acceden a su casa, de techos altos, muebles barrocos y paredes sucias. Se percibe un extraño, fétido olor. Tras las presentaciones oportunas, interviene el Fary:

El Fary: Nos sorprende Sr. Marcellini, lo barato de su oferta: 150 € por un cuarto de 30 metros cuadrados en una casa céntrica de 200 metros cuadrados, con tres baños y terraza...

Sr. Marcellini: Le seré franco. Sólo busco un poco de compañía y unos ingresos estables, aunque sean mínimos, que contribuyan a equilibrar mis cuentas.

Giovanna Z.: ¿A qué se dedica Sr. Marcellini?

Sr. Marcellini: Al contrabando. Les mostraré.

El anciano les guía a través de pasillos caóticos y desordenados. Llegan a un cuarto lleno de ordenadores, colocados en columnas de hasta 10 CPUs de altura.

Sr. Marcellini: Discos piratas de Franco Battiato, un negocio que me apasiona pero que está en grave decadencia. Pero mi mayor fuente de ingresos la verán en mi bodega – atraviesan otro pasillo, donde el olor se vuelve cada vez más insoportable hasta llegar a un cuarto oscuro lleno de moscas -. ¡Queso! Elaboro queso, y no uno cualquiera, sino el Casu Marzu típico de mi Cerdeña natal, prohibido porque se potencia la fermentación con larvas de la mosca del queso.

El Fary: Qué interesante, ¿lo puedo probar?

Sr. Marcellini: Por supuesto.

Giovanna Z.: Mmm, gracias por mostrarnos todo esto, pero creo que este piso no es lo que estaba buscando...

Sr. Marcellini: ¿No quieres ver el que sería tu cuarto?

Giovanna Z.: Quizá en otro momento…

La joven sale de la casa, en un par de minutos aparece el Fary, relamiéndose.

El Fary: Un tipo simpático el Marcellini éste...

Bajan las escaleras y el cantante saca de nuevo la lista.

El Fary: Tenemos que ir al Barrio de Belem. ¡Taxi!

El hábil conductor, viéndoles extranjeros, da una notable vuelta para incrementar el precio del viaje, recorriendo la Baixa, la Praça do Comercio, las inmediaciones de Alfama, otra vez la Baixa, el Rossio, la plaza del Marqués de Pombal, y el Barrio Alto hasta llegar por fin a la costera Avenida del 24 de julio para pasar junto al puente 25 de abril y seguir hasta el Barrio de Belem, donde se acerca a la torre homónima y al Monasterio de los Jerónimos.

Giovanna Z.: Joer... menuda vuelta.

Taxista: Espero que les haya gustado.

El Fary: No ha estado mal, aunque hubiera salido más a cuento pillar el bus turístico y fumar en la parte de arriba.

Taxista: Que les den.

El Fary: Me cago en tu madre, los taxistas españoles son más educados, y escuchan mis canciones (cuando no están con la COPE...).

El cantante se arremanga con actitud vehemente y agresiva, pero el taxista arranca antes de que la cosa llegue a más. Giovanna Z. trata de calmar a su cicerone y cuando lo consigue (algo no muy difícil con semejante sonrisa), caminan hasta un pequeño chalet.

Les abren siete chavalines de unos 10 u 11 años, al parecer niños prodigio, todos ellos con gafas, algunos increíblemente parecidos. Dos visten de hare krishnas, otro declama afectadamente las luisiadas, uno tiene tatuado en su diminuto brazo “Manoel de Oliveira es el mejor”. Giovanna Z. mira interrogativamente a el Fary.

Giovanna Z.: ¿Estás de coña?

El Fary: ¿Tampoco te gusta éste? Si aún no lo has visto...

Giovanna Z.: Siguiente.

El Fary: Hay que volver al Chiado.

Giovanna Z.: También podrías haber ordenado los pisos por zonas...

El Fary: Es que me gustan el desorden, el caos y el anarquía.

Giovanna Z.: Quién lo iba a decir...

El taxista que les transporta esta vez es un angoleño afable que escucha Etoile de Dakar. Les deja en su destino sin percances. El portal del edificio está abierto, así que el Fary y la bella Giovanna Z. suben hasta la casa que buscan, en el cuarto piso.

Giovanna Z.: También está abierto...

Entran. Se trata de una casa antigua, como la primera, pero aquí huele a libros y quizá un poco a rancio. En el vestíbulo hay unos caballitos de tiovivo, y una alfombra roja apolillada recorre un pasillo pintado a rayas blancas y negras. Pasan por varias habitaciones que parecen deshabitadas, en una hay una piscina de bolas, en otra juguetes de cuerda parados, en la tercera un elefante disecado en la postura del loto.

Llegan a una biblioteca. Frente a la ventana, de espaldas a la puerta, alguien está sentado en una mecedora. Su figura, a contraluz, le resulta familiar a Giovanna Z.

Espectro de Saramago: Me preguntaba qué ocurriría si la gente pudiese teletransportarse... si, por ejemplo, yo pudiese venir desde mi palacio de ultratumba hasta esta mecedora.

“Ni puta idea” responde alguien, ¿de quién se trata? Giovanna Z. mira a su alrededor y comprende que la ventana del cuarto no da a la calle sino a un universo paralelo o a un infierno paralelo donde todo es desolación. Quien ha hablado es Beetlejuice, que cabalga sobre una serpiente de arena de cuya cabeza sale otra cabeza para devorar a Giovanna Z.

Y los infortunados lusos se ven privados de su sonrisa y su hermosura y El Fary, saudoso, llora un fado.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Desnudo campestre integral

Hoy os dejo dos bellos posados que capté durante un fin de semana eremítico. Como sé que la mayor parte de los lectores de este blog tiene la mente la mar de sucia aclararé que uno es un fotógrafo muy profesional y nunca se acuesta con sus modelos.