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sábado, 21 de enero de 2017

Tengan cuidado: La la land no es un biopic sobre Massiel

Dr. Strangelove: fui al cine con la infundada esperanza de ver un biopic con la clásica historia hollywoodiense de ascenso y caída - con no poco alcoholismo de por medio y la inconmensurable cantante carpetovetónica como protagonista - para encontrarme con un musical en el que apenas se canta, se abusa de la repetición de dos temas pegadizos, los números imitan clásicos, desde West side story hasta Los paraguas de Cherburgo, el argumento es insulso y poco innovador, sobran los secundarios y los protagonistas, aunque actúen más que decentemente no disfrutan, por deficiencias del guión, de una historia de amor entrañable ni sólida, fracasa la soterrada comparación entre el jazz y los musicales como formas de arte mal envejecidas y necesitadas de renovación, y se recurre a un flashforward muy dudoso de lo que no fue y pudo ser como en Quiéreme si te atreves. Es cierto que pasé un rato entretenido, pero cuanto más recuerdo el film más inconsistente me parece y me puede la decepción. Guionistas de Hollywood, decídanse, escriban por fin un biopic sobre Massiel. 

lunes, 24 de febrero de 2014

El cine no ha muerto

Dr. Strangelove: No se ha hablado poco de la crisis que atraviesa el cine, una crisis ligada a los avances tecnológicos y el cambio de hábitos de consumo, pero también una crisis creativa. La primera década del milenio ofreció pocas películas memorables. Que me vengan a la mente Ciudad de Dios, Old Boy, El Pianista... y siguieron interesando las obras de Tarantino, Scorsese, Burton, Pixar, Wong Kar Wai, Eastwood...

“El cine ha muerto, los buenos guiones están en las series”, se dice. Y no faltan argumentos para sostener esta hipótesis. Ya hemos comentado alguna serie excelsa, los blockbuster de los últimos años han sido películas dirigidas a adolescentes con guiones mayoritariamente mediocres, casi siempre con superhéroe de por medio.

Pero hete aquí que en un mismo año aparecen unas cuantas películas extraordinarias:

La vida de Adele: una película arriesgada, tres horas de primeros planos, muchos mocos, genitales femeninos también, pero sobre todo una historia humana (no sólo de amor) profundamente real y viva. A mi edad, me enamoré de Adele.

La gran belleza: la búsqueda del sentido de la vida en el arte y la belleza frente al abismo de la la vacuidad y la desidia, La dolce vita postmoderna, y un personaje memorable: Jep Gambardella.

El lobo de Wall Street: llámenla Miedo y asco en Wall Street, una ópera bufa desopilante, Scorsese en plena forma, Casino pero a lo bestia.

A propósito de Llewyn Davis: uno de los mejores retratos recientes sobre el fracaso, sin concesiones, sin aspavientos, quizá por eso la primera impresión es que falta algo, un empujón, no es así, ganará con el tiempo.

También merecen la pena Stoker, un cuento tenebroso y gamberro de sensual estética; el drama sureño de Mud, de sólido guión; Blue Jasmine gracias sobre todo a Cate Blanchett; la exquisitez formal de 12 años de esclavitud y de La mejor oferta; el poderío técnico de La desolación de Smaug; algunas escenas de la irregular The Grandmasters; la turbia teatralidad de La Venus de las pieles, los excesos barrocos de El gran Gatsby, La espuma de los días y Sólo Dios perdona... etc etc


Y quizá la industria del cine no esté respondiendo a los nuevos hábitos de consumo con la rapidez deseada, quizá la política de precios de las salas de cine podría ser más imaginativa... pero para que no muera el cine lo que más falta hacía era esto: buenas películas.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Deadwood

Dr. Strangelove: He ido posponiendo durante meses la visión de los últimos capítulos de Deadwood, no quería que terminase para mí, sobre todo sabiendo que la serie fue cancelada por la HBO y que no iba a haber un final bien cerrado. Pero ayer ya no podía más. Después de ver una película infame que no levanta ni la presencia de Eva Green (Perfect sense), merecía algo mejor.

Se conoce la predisposición goliardesca a las películas del Oeste en los días de resaca, óptimas para escapar del tedio degradado de nuestros cuerpos mediante la pérdida de la noción de lo cotidiano, embebiéndonos de sus paisajes a veces desérticos, a veces de montaña, casi siempre fronterizos, y de la hombría de esos centauros que valen según lo rápido que desenfunden, que juegan al póker y beben un whisky seguro nefasto.

Deadwood es eso y mucho más. Tiene el encanto del género prototípico pero aderezado con una crudeza y una profundidad propias del mundo de la televisión postsopraniano.

En Deadwood vemos una alegoría sobre la civilización, sobre cómo se trata de instaurar el orden en el caos, en el caos que domina un pueblo recientemente erigido a la sombra de unas minas de oro. La única ley que impera es la del más fuerte, quizá también la del más listo, y eso no se muestra con la épica de las películas de la edad de oro del western, sino con toda su miseria y toda su brutalidad. Para que nos entendamos, de Deadwood hasta el mítico Wyatt Earp tiene que salir por patas.

Muchos personajes están inspirados por sujetos históricos, y podemos decir que se trata de una obra realista donde salpican el barro y la mugre, pero, ay, ojalá la realidad fuera tan crudamente hermosa. Empezando con los diálogos, creo que sólo comparables con los de The Wire, ¡qué barroquísima belleza aderezada de tacos! Unos frikis se dedicaron a contar el número de palabras derivadas de “fuck” que se decían y les salió que casi dos por minuto, aunque el insulto que más retumba en la serie es el también omnipresente “cocksucker”.

Y ni esa calidad de los diálogos ni la perfecta ambientación distraen de la cantidad de acontecimientos que suceden. Porque esa alegoría de la civilización da para muchas tramas bien desarrolladas y con multitud de clímax. Para ello se sigue  un amplio abanico de personajes atrayentes y más o menos carismáticos por los que el guión demuestra un continuo coqueteo y amor, aunque se trate de personajes detestables.

Dentro de una obra coral con quince o veinte personajes bien construidos, destaca uno: Al Swarangen, el Maquiavelo del burdel, al que se empieza casi odiando y se termina por profesar una total aunque temerosa idolatría. Ian McShane se come la función con sus excesos verbales, con sus maquinaciones y su tendencia a soltar peroratas mientras alguna de sus fulanas le vacía bucalmente las gónadas.

Podríamos hablar de muchos personajes, quizá el único que se quede corto es el que parecía iba a ser el protagonista, el Sheriff Bullock, que no saca partido del papel de don Quijote contra el mundo. Sí lo sacan otros que podrían haber sido anecdóticos, como los sirvientes disminuidos del lupanar de Swarangen y del hotel, o la propia tropa del proxeneta, uno de cuyos miembros protagoniza en la temporada tres la pelea más brutal que he visto en una pantalla junto a la de Viggo Mortensen en Promesas del Este.

Vean Deadwood, pisen el lodazal, y alégrense de poder hacerlo desde sus cómodos sillones.



domingo, 25 de marzo de 2012

Mad Men versus Breaking Bad


Dr. Strangelove: Hablaremos hoy de dos series que en apariencia tienen poco en común pero que forman parte de la oledada de calidad que nos llega desde la televisión.

Ambas están producidas por la cadena de pago AMC y se enfrentan al inicio de la quinta temporada. Mad Men ya, para Breaking Bad aún no hay fecha pero se espera que sea este verano. En el caso de la primera, habrá al menos dos temporadas más, mientras que para Breaking Bad será la última (aunque quizá emitida en dos tandas), residiendo aquí una diferencia fundamental en el enfoque de la temporada, pero también en el de la serie desde un comienzo, pues Mad Men es un flujo de acontecimientos que podría estirarse más que Cuentamé mientras que Breaking Bad camina desde el primer capítulo hacia un final.

Mad Men, supongo que casi todos lo sabéis, se desarrolla en una empresa de publicidad en los años 60. La ambientación es uno de los fuertes de la serie, y no se limita a lo estético, un recurso frecuente es el de exponer situaciones de acuerdo con la mentalidad y las costumbres de la época para que choquen con la forma de verlas hoy en día, así se tratan temas como el machismo, las adicciones al alcohol y al tabaco, los prejucios raciales, la homofobia, etcétera. La serie se desarrolla pausadamente, con altibajos que siguen el ritmo de vida de unos personajes bien construidos, muy humanos y en continua formación. Se definen muy bien las relaciones laborales y personales. El carismático protagonista, Don Draper, está especialmente bien tratado.


En Breaking Bad, un anodino profesor de biología que sacrificó su prometedora carrera se entera de que tiene un cáncer con pocas expectativas de curación y decide fabricar metanfetamina de calidad para dejar una herencia en condiciones a su familia. Esta arriesgada premisa podría haber degenerado en un producto vergonzante, por suerte no fue así. La serie es un continuo tour de force repleto de personajes excesivos. Si en Mad Men vemos la evolución de los personajes en un entorno y en unas vivencias relativamente normales, aquí su desarrollo se magnifica por lo extremo de situaciones. Conforme avanzan las temporadas el discurso es más oscuro, y no empieza precisamente en un mundo multicolor, cada vez hay menos humor negro y más drama sombrío de tintes psicológicos.


Las dos series son técnicamente extraordinarias y si en Mad Men destaca la labor de vestuario, en Breaking Bad lo hace la fotografía con sus contrapicados, su rico cromatismo y esos cielos de Nuevo México que parecen tener vida propia.

Un análisis profundo de estas series daría para un libro, pero prefiero dejar este bosquejo de momento, más estando todavía incompletas. Disfruten de ellas, de Mad Men como si degustasen plácidamente un Old fashioned, de Breaking Bad como si se metieran un buen chute de metanfetamina azul. 

domingo, 18 de septiembre de 2011

Comedias españolas recientes

Dr. Strangelove: Nacho García Velilla introdujo con 7 vidas un humor novedoso en el desolado panorama patrio de las series para televisión. Después de abusar de la fórmula en Aída llegó al cine con Fuera de Carta. Pero hoy hablaré de Que se mueran los feos, una película que no funciona. Busca un frescor que resulta impostado y la historia de amor entre Eliseo el Feo y Nati ni es novedosa ni interesante, además de que las gracias son rancias y mil veces repetidas. Creo que esta película es una muestra de agotamiento de un director que debería tratar de reinventarse.

Borja Cobeaga también empezó dignificando la caja tonta con el memorable programa Vaya semanita. Su salto al cine fue esperanzador. Pagafantas es una comedia divertida y que dentro de un mundo de tópicos trata de darles una vuelta para superarlos. En No controles también da gran importancia a su guión, aunque en este caso tenga menos nivel y se traslade a la pantalla con menos gracia. En gran medida es una comedia romántica pero lamentablemente no consigue que termines de empatizar con ella. El personaje de Unax Ugalde es demasiado gris, carece de encanto, y los guiños que aluden a la historia de amor entre él y Alexandra Jiménez (a pesar del buen trabajo de esta última) son pobres (véanse Amelie, Quiéreme si te atreves u Olvídate de mí para ver parejas entrañables). Las situaciones son demasiado previsibles y se sobreexplotan dando lugar a una película bastante mediocre cuyo único aliciente es el personaje de Juan Carlitros, bien construido por Julián López. De hecho, los créditos finales (que protagoniza), son lo mejor de la película.

Daniel Sánchez Arévalo nos había ofrecido dos buenas películas en AzulOscuroCasiNegro y la infravalorada y amarga Gordos antes de dar un salto decidido a la comedia con Primos. La película arranca con un excelente prólogo-monólogo. A Quim Gutiérrez lo dejan plantado en el altar y dos peculiares primos tratan de consolarlo llevándolo a Comillas, donde veraneaban de pequeños. Allí la trama se repartirá entre los tres primos y sus respectivos hallazgos. Quim Gutiérrez definirá el carácter voluble y romántico de su personaje en el reencuentro con su primer amor, una cálida Inma Cuesta. Raúl Arévalo (en un personaje que va de más a menos) tratará de ayudar al borracho Antonio de la Torre y a su hija prostituta (Nerea Camacho). Por último, Adrián Lastra verá en el hijo de Inma Cuesta una semilla de su paranoia. La película no llega a sorprender y adolece de concesiones de dudoso gusto (como el bailecito en el pueblo), pero se salva y se ve con agrado gracias al interés que suscitan los personajes (muy bien interpretados) y al trabajado (aunque también demasiado visible) guión.

Menos interés tiene Spanish movie. Se parodian éxitos del cine español reciente sin demasiada gracia y con humor grueso, lo que tiene delito contando con un reparto que daba para bastante más.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La comedia en el cine, una visión (y III).

Dr. Strangelove: Quizá sea por haber vivido aquí tantos años y por comprender mejor este sentido del humor que el de otros países, pero considero que España es un país privilegiado en cuanto a comedia. Y no hablo del landismo, de Pajares, Esteso, Ozores o de Paco Martínez Soria, que pueden tener su punto de encanto bizarro pero no sobreviven a un examen crítico.

El gran maestro de la comedia negra Luis García Berlanga nos ha dejado obras maestras como El Verdugo, Bienvenido Mister Marshall o Plácido, y notables como Calabuch, Los jueves, milagro, o la trilogía de La escopeta nacional. Quizá estemos hablando del mejor director que ha desarrollado su carrera en España. Sus películas destilan humor negro e inteligencia y si no ha tenido una mayor repercusión internacional probablemente sea por lo castizo de su visión, puede que no muy exportable.

Y si hablamos de Berlanga no podemos dejar de nombrar al gran guionista Rafael Azcona, autor o coautor de muchos de sus guiones y que también trabajó por ejemplo con el italiano Marco Ferreri, que nos dejó películas entrañables, sociales y crudas como El pisito o El cochecito.

Porque en España hubo en aquella época una cantera de actores realmente memorable. Hablo de José Isbert, Jose Luis López Vázquez, Luis Ciges, Rafael Alonso, Manuel Aleixandre, Agustín González, Chus Lampreave o Fernando Fernán Gómez, y algo después José Sacristán, Ramón Barea, Gabino Diego, Enrique San Francisco o incluso Antonio Resines antes de que se volviese cansino.

De los tiempos del cine en blanco y negro tuvimos otros directores cómicos a mencionar como José María Forqué y su Atraco a las tres. Y entre los actores mencionados, Fernando Fernán Gómez dirigió alguna comedia dramática como El viaje a ninguna parte, ya en los 80.

De Buñuel ya hablé algo y lo poco que dirigió en España no se puede calificar como comedia, aunque haya algún toque muy negro en Viridiana y en Tristana.

De los 80 y 90 destacaré el humor absurdo de José Luis Cuerda en Amanece que no es poco o El bosque animado, las películas cañís de Almodóvar antes de que se pusiera serio (Mujeres al borde de un ataque de nervios), la gamberra Airbag de Juanma Bajo Ulloa, tantas veces imitada sin éxito, y también el personal, tenebroso y lúdico mundo de Alex de la Iglesia (El día de la bestia, La comunidad).

En los últimos años estamos viviendo una renovación del género relativamente esperanzadora gracias a la fértil cantera de Muchachada Nui, Vaya semanita y, en menor medida, 7 vidas, si bien, hasta la fecha han conseguido mayores logros con sus sketches que con sus películas.

miércoles, 24 de agosto de 2011

La comedia en el cine, una visión (II)

Dr. Strangelove: Hablamos el otro día sobre la comedia en el cine desde una perspectiva bastante anglosajona, que como en casi todo el mundo del séptimo arte nos ha ofrecido tanto obras maestras como infames bazofias.

De Reino Unido ya hablamos de los geniales Monty Python y su humor surreal y de Guy Ritchie con sus primeras películas. El célebre humor inglés nos ha dejado comedias clásicas como El quinteto de la muerte, Ocho sentencias de muerte, etcétera. Pero sobre todo grandes comediantes como Peter Sellers.

Hay muchos países con poco o ningún sentido del humor o que directamente no tienen jodida gracia. No obstante, estoy dispuesto de tragarme mis palabras si alguien me recomienda una comedia divertida y memorable de Suecia, Noruega, Suiza, Bélgica, Holanda o incluso Alemania. Bueno, y no hablemos de países del Este de Europa como Polonia, Hungría, la República Checa o Rusia...

El humor asiático puede parece un poco marciano a un espectador Occidental, pero yo por ejemplo sí que le encuentro la gracia a películas de Kitano como Zatoichi o El verano de Kikujiro, o a los pasotes de Miike en Japón y también a alguna comedia Coreana que ya comentamos, si bien, no hablamos de obras maestras.

Si buscamos en Iberoamérica, destacaré el humor negro del cubano Tomás Gutierrez Alea (La muerte de un burócrata), y también se pueden encontrar comedias interesantes, muchas veces sutiles, en Argentina (El hijo de la novia). En México tienen un humor particular, como se aprecia en la tenebrosa El esqueleto de la señora Morales o en la reciente El infierno, además de en obras de Buñuel como Simón del Desierto o Vida criminal de Archibaldo de la Cruz.

Volviendo a Europa, no podemos dejar de hablar de la gran comedia italiana, donde hallamos obras maestras de Fellini (Amarcord, 8 y medio) o de Mario Monicelli (Rufufú, Habitación para cuatro, Un quinteto a lo loco), la magnífica Divorcio a la italiana de Pietro Fermi y otros autores notables como Ettore Scola, Roberto Benigni o Nani Moretti. Salvo los dos últimos, el resto de directores y películas forman parte de lo que se conoce como comedia all’italiana, y que contó con intérpretes de la talla de Marcello Mastroianni, Alberto Sordi, Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi, Totò o Giancarlo Giannini.


Los franceses tienen muchas cosas buenas, pero no creo que destaquen por ser divertidos. Aún así, tienen a una figura mítica de la comedia como es Jacques Tati con su Monsieur Hulot, y obras tan encantadoras como Amelie, además del tono cómico de algunas obras de la Nouvelle Vague (Banda aparte, El amante del amor) y la aportación surrealista de Buñuel (El discreto encanto de la burguesía).

Quizá alguno piense que el sentido del humor es un tema climático, y que los nórdicos no tienen gracia, pero para contradecir el tópico encontramos en Finlandia a Aki Kaurismaki (Un hombre sin pasado, Contraté a un asesino a sueldo), personal y divertido, frente a mediterráneos como el griego Angelopoulos o al portugués Oliveira (traten de reírse con sus películas).

En los balcanes destaca la figura de Emir Kusturica, con comedias bizarras como la desternillante Gato negro, gato blanco, o la también dramática Underground.


Y llegamos a España, un país privilegiado en cuanto a comedia, pero eso lo veremos en otro post.

Para despedirnos por hoy, una bonita canción:


domingo, 21 de agosto de 2011

La comedia en el cine, una visión (I)

Dr. Strangelove: Siempre he pensado que hacer reír es un verdadero arte, y uno de los más difíciles.

En el cine, es relativamente fácil conquistar a un público bien predispuesto y poco exigente con esas comedietas para púberes con humor chabacano y de chistes trillados. En un día que estemos relajados estas películas pueden hacernos reír e incluso descojonarnos, pero desde un análisis serio, suelen ser una auténtica mierda, mediocres o, a lo sumo, pasables. Ejemplos: Dos tontos muy tontos, Algo pasa con Mary, Los padres de ella (respectivamente).

Si buscamos las comedias mejor valoradas por la crítica solemos encontrar lo contrario: grandes películas clásicas cuyo sentido del humor percibimos hoy algo rancio o incluso ñoño. Puede hacernos sonreír, a veces con condescendencia, pero rara vez nos hace soltar una carcajada. Ejemplos: Tiempos modernos, Ser o no ser, Una noche en la ópera, El maquinista de la general, Historias de Filadelfia, Arsénico por compasión, La fiera de mi niña...

Quizá la comedia negra es la que ha ofrecido las películas que mejor han compatibilizado calidad y profundidad con gracia, al menos para gente de gustos sombríos como un servidor. Aquí encontramos a Billy Wilder en posición de honor (Uno, dos, tres, El apartamento, Con faldas y a lo loco, Primera plana...) , a los hermanos Coen de El gran Lebowsky, a Guy Ritchie en Lock & Stock, al Woody Allen de, por ejemplo, Desmontando a Harry, y obras maestras como ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú.

El humor absurdo, tan del gusto de los goliardos, también ha estado bien representado. Sobre todo por los Monty Python cuando actuaban en equipo y, en menor medida, después, destacando la carrera como director del irregular y a veces genial Terry Gilliam.

Por estábamos hablando del cine americano y esto se puede extender en exceso, en el próximo post hablaré de la comedia en el mundo.

Os dejo la única escena que compartieron dos maestros:

jueves, 11 de agosto de 2011

Lolita (x2)

Profesor Marmordo: La obra más conocida de Vladimir Nabokov es también una de las más famosas del siglo XX. A nadie le descubriré que es un libro trasgresor, aunque es una trasgresión intelectual y poco explícita.

Se nos ofrece el presunto diario de un presunto demente, Humbert Humbert, un gentleman europeo que se siente atraído por lo que llama nínfulas, muchachas prenúbiles de 9 a 13 años de unas determinadas características.

Es uno de esos libros de los que se suele decir que no pasan muchas cosas, pero es ese un examen superficial. Tras la aparente quietud y cotidianeidad se nos está hablando de temas trascendentes. De moral, por supuesto, pero también de amor, de incomprensión, de una sociedad podrida.

Y se nos presenta a uno de los personajes más interesantes de la literatura universal. Ese Humbert Humbert tan elegante e inteligente como patético, que vive (sufre y se deleita) obsesionado con un amor enfermizo, prohibido, unidireccional y caduco.

Dr. Strangelove: La adaptación al cine de Kubrick y el propio Nabokov es una muestra excelente de que las buenas conversiones no tienen por qué ser demasiado literales.

El libro era muy difícil de adaptar por la relevancia de su parte reflexiva. Se consigue no caer en el tedio o la sobreutilización de elementos narrativos no puramente fílmicos como la voz en off. Se delimita el número de escenas y se simplifican detalles prefiriendo intensidad sobre cantidad y se introducen algunos cambios relevantes como el prólogo, la mayor importancia del personaje de Quilty o la menor ninfulez de Lolita. El prólogo es una de las mejores escenas de la película, que hubiera sido bastante distinta (no digo que peor) de mantener el orden original. Sobre la elección de una Lolita de más edad pesó la censura, igual que en el tono “light”de la narración (el libro es poco explícito, la película probablemente lo es demasiado poco).

Es, en cualquier caso, una gran película, con un trabajo actoral de primer orden, que queda a medio paso de ser una obra maestra. Me pregunto cómo hubiera adaptado la obra Polanski, tan certero a la hora de presentar personajes truculentos, además de aficionado a las lolitas...

Hoy el término “lolita” ha pasado a las frívolas manos y bocas de la cultura popular.

miércoles, 29 de junio de 2011

Películas de samuráis

Dr. Strangelove: Me encarga Lobo de Bar, para responder a una petición externa, que hable sobre películas de samuráis. Supongo que habrá bastante información por la red, pero bueno, daré mi visión personal.

El cine de samuráis (conocido entre los frikis del tema como chanbara, dentro de las películas de época o jidaigeki) constituye un género bien definido que puede despertar pasiones, aunque también tedio (más entre las féminas), como por ejemplo, el western, con el que tiene una relación bastante estrecha.

A los que quieran iniciarse les recomendaría que empezasen por el number one, Akira Kurosawa, que dejó un puñado de obras maestras y que es relativamente asequible, tanto de encontrar como de digerir. “Los siete samuráis” es una de mis películas favoritas, sin paliativos, véanla. También son bastante representativas “Yojimbo (El mercenario)” y su continuación “Sanjuro”. De éstas hubo traslaciones al lenguaje del Oeste (“Los siete magníficos”, "Por un puñado de dólares").

Kurosawa, por su parte, adaptó el lenguaje de Shakespeare al entorno samurái, creando obras maestras como “Trono de sangre” (Macbeth) o "Ran" (El rey Lear).

Todavía con Kurosawa citaré la película que le dio la fama en Occidente: “Rashomon”, una importante reflexión sobre el punto de vista, la clásica "La fortaleza escondida" y la barroca “Kagemusha”.

Un cineasta bastante canónico en el cine de samuráis, aunque sin llegar a la brillantez de Kurosawa, fue Hiroshi Inagaki, con su trilogía “Samurái”, protagonizada por el gran Toshiro Mifune.

El otro gran actor del género es Tatsuya Nakadai, con el que coincide (entre otras) en “Samurai Rebellion”, de Masaki Kobayashi. Éste cineasta dio una vuelta de tuerca al chanbara como pudo hacer Peckinpah con el western, profundizando en los personajes y aportando cierta crítica al código. Además de la citada, he de destacar “Seppuku” (que significa harakiri), una verdadera obra cumbre.

Otro cineasta con un punto de vista particular, algo más estrambótico, fue Kihachi Okamoto, en obras como la sombría “La espada del mal”, en “Kill!”, una especie de Spaghetti Eastern o en la cruda "Samurai assassin".

Okamoto rodó además una de las 26 películas de la serie sobre el samurai ciego Zatoichi protagonizadas por Shintaro Katsu, concretamente “Zatoichi conoce a Yojimbo” (la vigésima), donde Mifune retoma el papel del mercenario. Esta serie de películas es bastante difícil de encontrar y no he podido ver más que un puñado, que tampoco se encuentran entre mis preferidas. Takeshi Kitano recuperó al personaje la década pasada ofreciendo una película novedosa e interesante.

Algunas historias de Samuráis han sido rodadas en varias ocasiones, como la leyenda de los 47 ronin que vengaron a su señor. Hay una versión de Mizoguchi (un director que, por desgracia, frecuentó poco el género), otra del citado Inagaki y una más reciente pero también bastante insulsa de Koreeda. Y creo que se está rodando una temible con el protagonismo de Keanu Reeves.

Decía que Mizoguchi no frecuentó mucho el género, pero también hizo una versión previa de "Miyamoto Musashi", el samurái de la trilogía de Inagaki. Por otra parte, filmó grandes películas sobre el Japón feudal, sin ser estrictamente películas de samuráis, como "Cuentos de la luna pálida de agosto", "El intendente sansho", "Los amantes crucificados" o "Vida de Oharu, mujer galante."

Al igual que ocurrió en el western, el género ha decaído en popularidad en los últimos años, pero no han faltado obras notables, entre las que destacaría (además del “Zatoichi” de Kitano), la lírica trilogía de Yoji Yamada, que forman “El ocaso del samurai”, "La espada oculta" (también conocida como "The hidden blade"), y "El catador de venenos" (aka "Love and honor").

Y mencionaré alguna película más que ha quedado pendiente en la relación y que considero que merece la pena. Es el caso de “Tres samuráis fuera de la ley”, de Hideo Gosha, o de "Lady snowblood", dirigida por Toshiya Fujita, de la que ya hablamos por ser una de las inspiradoras de Kill Bill. Y sobre el código samurái en EE.UU., la reflexiva "Ghost dog" de Jarmusch, con Forest Whitaker haciendo un gran papel. Por otra parte, citaré dos películas recientes sobre el final de los samuráis: la pasable y sensiblona "La espada del samurái", de Yojiro Takita, y la mediocre americanada "El último samurái", pero lo hago sólo por completar el post, pues he mencionado películas mucho mejores, algunas de ellas obras maestras del cine.

Si alguien quiere profundizar en el análisis de estas películas o buscar otras le recomiendo que consulte filmaffinity.

La salsa de las películas de samuráis son los combates a espada, como los tiroteos en el western:


viernes, 3 de junio de 2011

Reflexiones varias para preparar el verano

Lobo de Bar: Por un lado me halaga que se refieran a mi nombre en la campaña publicitaria de la marca de cerveza que más he consumido en mi disoluta vida, pero por otra me siento un poco plagiado, si al menos me hubieran dado un bono de consumo gratuito...

Dr. Strangelove: Otra película coreana para la lista: “A dirty carnival”. Nos habla de la mafia de por allá y tiene ciertos elementos metacinematográficos. Un guión interesante, buenas escenas de acción y, en suma, una nueva visión del ascenso y la caída en el mundo del lumpen, muy a lo Scarface.

Profesor Marmordo: Todavía no he utilizado la sutil técnica del entrevistador de chicas guapas para ligar. Es que creía estar enamorado, como es propio de la primavera, aunque conforme aumentan las temperaturas y se contrae el ropaje de las féminas me cuesta más sentir amores platónicos y castos.

Tío Matt: Os dejo una fotografía del castillo de Matsumoto, uno de los pocos que no fueron destruidos en la segunda guerra mundial en Japón.

Amigos de Tucson: Por suerte en Tucson, Arizona, no comemos pepinos ni salchichas alemanas. Somos demasiado hombres para eso.

Hunter: Pronto empezará la temible ruta veraniega de fines de semana repletos de festivales, fiestas de pueblo, actividades varias y casi nunca salubres, erecciones múltiples y descontrol supino que caracteriza mis estíos. Dr. Gonzo, adquiere drogas al por mayor, súbito.

Vinicius Mond: Cuando vas al baño en los bares te das cuenta de la cantidad de guarros que no se lavan las manos después de tocarse la verga o el ojete y que luego te la dan para saludarte. Para acabar con ellos, ¡vota a Mond!

Narrador omnisciente: Aunque no lo parezca, todos los concursantes de supervivientes, incluidos Toni Genil y Paquirrín, son humanos, ninguno es hijo de animal ni procede del planeta Raticulín.

San Bukowski: Este verano no hagáis nada que yo nunca haría.

lunes, 9 de mayo de 2011

Cine surcoreano

Dr. Strangelove: Hace unos años, decir que veías cine surcoreano sonaba pretencioso y snob. Quiero pensar que hoy es éste un estereotipo superado, pues la cinematografía de este país ha ofrecido continuamente obras de calidad, consolidándose a la altura de cualquier país europeo, siendo en muchas ocasiones obras mucho más libres, menos anquilosadas por la tradición.

Otra cosa es que las distribuidoras sigan sin jugársela mucho trayendo películas de Oriente, pero ya sabemos que entre compromisos comerciales y miedo al público lobotomizado por Hollywood siguen apostando a sota, caballo y rey. Si ya es difícil que lleguen muchas películas francesas o italianas, parece una utopía que traigan las surcoreanas.

Los embajadores del cine de este país han sido Ki-duk Kim y Chan-wook Park, el primero con una cinematografía muy personal y en muchas ocasiones brillante. El segundo gracias a la trilogía sobre la venganza en la que se encuentra “Old boy”, para mí una de las mejores películas de la década pasada.

Pero estos dos autores merecerían un post aparte, hoy voy a comentar algunas obras sueltas que han pasado por mis manos recientemente.

Para algunos, el cine oriental es sinónimo de películas lentas. No siembre es así (la citada “Old boy” ofrece un buen ejemplo), pero hay que admitir que tienen una sensibilidad distinta. En esta línea se encuentra “Sang woo y su abuela”, una película de desarrollo pausado y escasos diálogos que nos habla de las diferencias generacionales y la familia y, en cierto modo, ofrece un canto a la vida en el campo frente al desapego telúrico de la ciudad.



También se exploran los sentimientos, aunque de forma muy distinta en “A moment to remember”, un dramón romántico que busca quizá con demasiado ahínco conmover al espectador y que lo consigue sin caer en lo grosero sólo gracias a la buena química de los protagonistas y a un guión cuidado. Recomiendo a quien quiera llorar como una magdalena que no se lea el argumento antes de verla.



En un tono más jocoso tenemos “My sassy girl”, que parte como comedia para terminar con un tono más serio y profundo. Hay que decir que la parte cómica puede resultar un tanto exasperante y que a alguno le entrarán ganas de dar una paliza a los protagonistas, pero merece la pena no darse por vencido, en el último tramo gana muchos enteros y trascendencia.



Joint security area” es una película bastante particular, como lo es la frontera que separa las dos coreas donde se desarrolla la acción. Al principio parece que vamos a ver un thriller, pero pronto nos damos cuenta de que la trama inicial es secundaria, y de lo que se habla es de las personas, que pueden estar muy por encima de lo que las circunstancias sociales y políticas les imponen.



Los thrillers surcoreanos hace años que gozan de cierto prestigio gracias a las películas de Chan-wook Park o a “Memories of murder”. En “The chaser” se puede admirar la madurez del país en el género. Es una película que sienta cátedra tanto por su sólido y congruente guión como por su nivel técnico, aunque hay que advertir que es extremadamente violenta. Nada que envidiar a las mejores de Hollywood.



A bettersweet life” es una peli de cine negro cuyo guión, bastante sencillote, queda por debajo de una puesta en escena muy atractiva. Es una película de acción, algo macarrilla, en la que destacan su estética y su aire decadente, agridulce como anuncia el título.



Y quizá todavía más marciana que las anteriores es “Castaway on the moon”, una interesante oda a la vida. Un ejecutivo arruinado decide suicidarse saltando desde un puente y termina en una isla, a apenas unos centenares de metros de Seúl pero aislado, a lo Robinson Crusoe. Su existencia es ignorada por todos salvo por una chica que vive recluida en su cuarto y que está tan pirada como él.



Es posible que ninguna de las películas citadas sea una obra maestra absoluta, pero todas son notables, aportan ideas y calidad técnica, más de lo que se puede decir de la mayor parte de las cinematografías del mundo en los últimos años.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Salida por la tienda de regalos

Dr. Strangelove: Tenía ganas de ver el documental de Banksy, pero también cierto miedo de que me decepcionara. Esperaba encontrarme con una muestra de su obra y con un discurso que, según su profundidad, podía estar o no a la altura de su misterioso mito.

Pues “Exit through the gift shop” no es exactamente eso. Banksy no es el prota, es el director y su discurso no está masticado ni es banal, sino que te lo ofrece de forma relativamente objetiva para que seas tú el que piense y saque sus conclusiones. Tres hurras por los que aún hacen películas, libros, u obras de arte en general sin ser idiotas y sin pensar que todo el mundo lo es.

Spoiler:
El documental aprovecha en su primera parte el material compilado por Thierry Guetta (un francés aficionado al arte urbano y a grabarlo todo con su cámara) para mostrarnos los inicios del nuevo arte urbano donde Banksy es el rey. Lo hace con seriedad y sin ínfulas, vemos a un tipo colocando mosaicos de los space invaders y a otro carteles de André the Giant sobre la palabra “Obey”, pero no nos explican por ejemplo que el primero sea un friki de los marcianitos o que el segundo quiera despertar la conciencia de una sociedad sumisa. Vemos que en este nuevo arte hay propósitos estéticos y conciencia social, también hay transgresión y placer por lo clandestino.

Casi sin que nos demos cuenta, el foco cambia de perspectiva y nos habla de la mercantilización del arte. Ante la imposibilidad de que Guetta haga un documental en condiciones, cambian los papeles y Banksy le pide que se convierta él en un artista callejero. Vemos que Guetta tiene ciertas cualidades, no en vano se había ganado la vida vendiendo ropa que rediseñaba de acuerdo con los gustos estéticos de la época, y además había conocido a los grandes artistas de la calle. Con la ayuda de un equipo de profesionales logra convertirse en un nuevo personaje, Mr. Brainwash, cuyo arte se asemeja al de Bansky, aunque sin mensaje y, en mi opinión, sin profundidad. Frente a la sutilidad del discurso del documental, Mr. Brainwash nos explica por qué se ha puesto ese nombre, y la verdad es que da un poco de vergüenza ajena, igual que cuando nos explica por qué le ha puesto una escopeta de fisher price a Elvis o por qué ha llamado Batpapy a un retrato del siglo XIX al que ha puesto una careta de Batman.

Hay una diferencia sutil entre una buena estética y el verdadero arte, y no sólo por la inteligencia. También se nos invita a reflexionar sobre las consecuencias de sacar de su entorno “punk” original algo que ahí tenía sentido y que se acaba convirtiendo en lo que criticaba.

Banksy me parece un tío íntegro y con mucho talento, algo no muy abundante y pediré tres hurras más ahora por sus cojones. Este tío sigue creyendo en lo que hace y no se forra con ello. Y como director no lo ha hecho nada mal. El documental vale como testimonio y como ensayo y es muy entretenido. Refleja su forma de pensar, pero no es un panfleto, te muestra los hechos que le hacen tener esas ideas y tú puedes sacar tus conclusiones. Éstas pueden ser parecidas (lo que he expuesto es básicamente la línea argumental que intuyo), pero también admite con cierta humildad que habrá otras concepciones de lo que es el arte, e incluso dice (aquí creo que con ironía) que quizá Mr. Brainwash fuera un genio en potencia antes de lanzarlo al vacío y que quizá sea él quien está equivocado.

La intro, con la canción "Tonight the streets are ours" de Richard Hawley está bastante bien. Aquí la incluyo, junto a los primeros minutos del documental:


miércoles, 9 de febrero de 2011

Los Soprano

Dr. Strangelove: Siento que llego un poco tarde para hablar de esta serie. Al hablar de películas, parece que no hay problema en comentar un clásico o incluso un film que tenga unos cuantos años sin llegar a serlo, pero las series todavía tienen una imagen de inmediatez que supongo que acabarán perdiendo.

También llego tarde por todo lo que se ha hablado ya de Los Soprano. Puede que sea la serie de mayor relevancia en la historia de la televisión. Es la que ha mostrado al mundo que la caja tonta no sólo es para zoquetes y que se puede hacer dinero con productos de calidad.

La calidad está, sobre todo, en los guiones. Son profundos, realistas, tienen múltiples lecturas. Pero también hay calidad técnica, en la banda sonora y la fotografía, y no faltan montajes realmente brillantes.

Por desgracia, vi antes The Wire, de la que ya hablamos, que Los Soprano y perdí capacidad de sorpresa, porque The Wire potencia las innovaciones de Los Soprano hasta llevarlas a la perfección, es la serie redonda. Porque si se le puede achacar algo a Los Soprano es que todavía adolece de pequeños defectos televisivos, como algún giro de guión algo forzado o una extensión no del todo apurada.

Lo más impresionante de Los Soprano, más allá del tono desmitificador y realista con el que aborda el tema de la mafia, es la construcción de personajes. Tony Soprano es uno de los mejores que se han creado para medio alguno. Un tipo inteligente, narcisista y cruel, bastante hortera, con importantes desequilibrios emocionales y afectivos, extrañamente sensible e incomprensiblemente entrañable.

Y le rodean secundarios tan interesantes como su sobrino Chris Moltisanti, politoxicómano inseguro; el pirado de su tío Junior; el sensato consigliere Silvio Dante; los carismáticos capitanes Paulie Gualtieri y Pussy Bonpensiero; el elegante Johnny Sack; su primo Tony Blundetto y Ralphy, que mejoran sensiblemente las temporadas en las que aparecen... Y no menos sugestivos son los papeles de las mujeres en el mundo machista de Los Soprano: la avinagrada madre de Tony; Carmela, su mujer, que se debate entre la moral y el materialismo; su hermana hippy y manipuladora Janice; su independiente hija Meadow; la espabilada psicóloga Melphy, las amantes de Tony, tan parecidas entre sí; la guapísima Adrianna Lacerva; las mujeres de los mafiosos; las strippers del Bada Bing...

Unos personajes atractivos en un mundo complejo y hortera, un mundo cargado de violencia y de cinismo donde se suceden situaciones que pueden invitar a la reflexión ética y social, pero que también se pueden apreciar como mero divertimento.

Si tienen la suerte de no haber visto todavía Los Soprano, háganlo.

jueves, 13 de enero de 2011

Dos películas de atraco con rehenes

Dr. Strangelove: Hoy hablaré de “Tarde de perros” y “La estanquera de Vallecas”. Supongo que habrá por aquí mucho listillo que al ver el segundo título ha torcido la boca. Es cierto que tiene más glamour ver a Al Pacino y a John Cazale dirigidos por Sidney Lumet que una película española de los 80 donde Jesús Puente hace de comisario y se mete una raya... pero, ¿qué coño? yo aquí comparo las películas que me salen de los coj****.

En “Tarde de perros” dos tipos (en realidad tres pero uno se raja en el minuto uno) intentan atracar un banco en Brooklyn. El líder es Al Pacino, un atracador la mar de educado, pero pronto se le escapa el asunto de las manos porque llega la policía, y no uno o dos agentes, sino a lo bestia, aquello parece un ejército. Sidney Lumet consigue que se palpe la tensión en cada escena y Al Pacino está impresionante, sabes qué piensa su personaje en cada momento, ves que está a punto de estallar. La película es excesiva en algunos tramos y llega a rozar lo grotesco (no quiero desvelar algún toque “almodovariano”) pero en terminos generales se puede decir que está ejecutada con brillantez, prácticamente desde que comienza con el atraco hasta el desenlace. Diré por último que John Cazale tiene un papel de menor relevancia que Pacino, pero también lo interpreta con talento. Su personaje da mucho miedo.

En “La estanquera de Vallecas” el atraco es otra chapuza, para empezar es en un estanco y en Vallecas, como bien dice el título, sin duda algo con menos posibilidades que un banco neoyorquino. La película tiene más puntos en común con la anterior de lo que pudiera parecer, aunque el contexto sea bastante distinto. Como en "Tarde de perros", hay cierta denuncia social, si bien, en este caso es mucho más facilona y está demasiado subrayada. También se indaga, hasta cierto punto, en la psicología de los personajes implicados, algo fundamental cuando el escenario de la acción es tan restringido. No es una mala película, pero resulta mucho más irregular y queda lejos del modelo prácticamente canónico que es “Tarde de perros”. Algunas conversaciones son triviales, no obstante hay algún puntazo como: “España no hay más que una” respuesta – “Claro, si hubiera dos nos iríamos todos a la otra”. Bueno, y luego está lo de ver a Maribel Verdú con 16 añitos, que también tiene tela...



jueves, 25 de noviembre de 2010

Día friki-samurai

Para celebrar mi poco deseado retorno del país de la bandera sodomita convoco para este sábado en mi hogar la I jornada friki-samurai.

Se proyectarán los siguientes clásicos del género:

  • Yojimbo
  • Sanjuro

Se beberá sake recién importado.

Al no tener dados japoneses ni máquinas de pachinko es probable que se juegue al póker.



jueves, 18 de noviembre de 2010

Influencias cinematograficas

Dr. Strangelove: Aunque hoy en día el mundo de la cultura esté lleno de pretenciosos que se ven capaces de crear algo completamente nuevo sin conocer la obra de los que llegaron antes que ellos, hay artistas que estudian e incluso veneran a sus precursores.

En mi poco humilde opinión, las mejores obras son aquellas que rompen con la tradición (algo realmente difícil) y aquellas que alcanzan la excelencia dentro de la misma.

Pero eso me desvía del tema. Quería hablar de Tarantino, un director de extraordinario talento que no oculta las influencias que utiliza para desarrollar sus películas, muchas veces cargadas de homenajes.

Antes de Kill Bill, hubo muchas películas que hablaban sobre la venganza, muchas películas de serie B, muchas de samurais, etcétera. Pero hablaré de dos antecedentes concretos. El primero es “La novia vestía de negro”, de Truffaut, donde una viuda cuyo marido fue asesinado el día de su boda, se dedica a vengarse de todos los implicados en tan oscuro asunto. La trama se desarrolla de forma episódica con desigual interés pero notable resolución. Es de 1967.

Más obvia es la influencia de "Lady Snowblood", película japonesa de 1973, donde una mujer que se ha dedicado desde su nacimiento a preparar la venganza de sus padres, emprende por fin tan tenebrosa tarea. En este caso el objetivo son cuatro, aunque uno de ellos ya fue asesinado por la propia madre de la protagonista. La película, como la anterior, quizá no haya envejecido bien, e incluso hay pasajes que pueden recordar demasiado al género B, con un tono que puede parecer de opereta, pero no se pueden negar los hallazgos del guión y visualmente hay momentos sublimes, tanto unos como otros homenajeados por Tarantino en Kill Bill.

Y aún hay otra película que trata sobre una sangrienta venganza femenina, es una sueca de 1974 que no he visto y ni siquiera recuerdo el nombre.

Para terminar, ya que estamos hablando de referencias y homenajes, comentaré el que hace Jim Jarmusch en su notable Ghost Dog (1999) de cierta escena de Branded to Hill (1965). Esta es una película de cine negro japonesa completamente marciana, que se debate entre lo excelso y lo chabacano con un tono completamente experimental. Se elimina el tiempo del relato y se suceden escenas paranoides que puedes aborrecer o amar, pero que probablemente quedarán en tu memoria.

jueves, 21 de octubre de 2010

Dos películas existencialistas

Dr. Strangelove: No me da reparo decir que amo Francia, y con ella a su cine. Tras reencontrame con Truffaut en un largo ciclo que quizá comente he estado revisando otras obras de la Nouvelle Vague, más allá de Godard y del propio Truffaut. Entre otras, he encontrado dos obras maestras cargadas de existencialismo.

La primera es Cleo de 5 a 7, de Agnes Varda. En esta película, se nos presentan, en tiempo real, algo menos de dos horas de la vida de una cantante de éxito incipiente. Este planteamiento puede parecer plomizo, pero no se eligen dos horas cualquiera, sino dos en las que la protagonista está esperando los resultados de unas pruebas médicas con las que teme se le diagnostique un cáncer. Durante ese periodo, Cleo va a una adivinadora, recibe la visita de su amante (el inefable Jose Luis Villalonga), los compositores con los que trabaja, se compra un sombrero, charla con su criada, recorre París, conoce a un extraño... En cada momento la gran actuación de Corinne Marchand permite entrever sus pensamientos, su desazón, las idas y venidas de su carácter caprichoso ante una prueba para la que no está preparada, su temor, sus esperanzas...

La segunda es El fuego fatuo, de Louis Malle. En este caso el personaje colocado en una situación límite es un antiguo vividor que sale de una clínica de desintoxicación y que proyecta suicidarse. Este personaje, goliardesco a más no poder, y también magníficamente interpretado, no acepta su condición de exalcóholico ni, sobre todo, la sensación de que su vida va cuesta abajo, de que está vacía, no quiere ni puede madurar, no sabe cómo hacer frente a la expiración de su juventud. Busca la amistad y el cariño de sus antiguos compañeros de jarana y quizá el amor, pero no encuentra más que la incomprensión de personas aburguesadas y egoístas o simplemente frías y bienintencionadas pero incapaces de ayudarle, entonces vuelve al alcohol y a la desesperación.

Ambas películas transcurren en un breve espacio de tiempo, son innovadoras en el tratamiento visual y sonoro y muy libres en cuanto al desarrollo del guión (características, por otra parte, bastante comunes en la nouvelle vague). Dos películas imprescindibles para los amantes de este movimiento. Quizá me quedaría con la segunda, tan vívida como la primera pero con un trasfondo más oscuro, porque en Cleo de 5 a 7 se habla más del temor a la destrucción del cuerpo, mientras que en El fuego fatuo se habla de la muerte del alma.

jueves, 12 de agosto de 2010

Películas con pianista

Dr. Strangelove: la figura del pianista siempre ha sido muy cinematográfica. Para empezar, en la época del cine mudo, las proyecciones solían ir acompañadas por la música en directo de un pianista, pero de lo que quiero hablar es de los pianistas de dentro de la pantalla.

Pronto comenzamos a ver pianistas en el cine, curiosamente muchas veces asociados a comedias, cuando el instrumento tiene esa apariencia tan seria y elegante. No era extraño ver un piano en las películas de los hermanos Marx, y el piano coprotagoniza la inolvidable escena de “Candilejas” que comparten Charles Chaplin y Búster Keaton, esos dos gigantes del cine que medían 1,65.

Y no puedo dejar de mencionar a Sam, al pianista de “Casablanca”, quizá el más famoso hasta la llegada del Szpilman de Adrien Brody, el que toca esa canción otra vez en el Rick’s.

Probablemente haya otros antes, pero el primer pianista que recuerdo (si me falla la memoria recuerden que soy mayor) con un papel protagónico es el de la película de Truffaut, “Tirad sobre el pianista”, una libérrima obra de cine negro con toques de comedia, pura Nouvelle Vague.

Y en los últimos años hemos visto insistentemente pianistas en la pantalla. En los 90 tuvimos “El piano” (de Jane Campion), esa bonita y dramática historia de amor que se desarrolla en Nueva Zelanda, con Holly Hunter, Harvey Keitel, Sam Neill y la inolvidable música de Michael Nyman (con la que es quizá su canción más conocida junto a “Chasing sheep is best left to shepherds”), una película notable.



No tan redonda pero también interesante es “Shine”, vehículo para una excelente interpretación de Geoffrey Rush, sobre la vida de un pianista australiano cuya pasión por tal instrumento unida a la obsesiva relación que tiene su padre con él le conducen a la demencia.

También de por entonces es “La leyenda del pianista del océano”, donde Tim Roth encarna a un pianista que ha nacido y vive oculto a los ojos del mundo, a bordo de un transatlántico. Este film adolece de los excesos sentimentalistas a los que se suele entregar su director, Giusseppe Tornatore, pero contiene uno de los duelos más curiosos y brillantes de la historia del cine.

De la última década son la oscarizada “El pianista”, de Polanski, gran película con esencia de clásico de la que no trataré de añadir nada que no se sepa. Y “La pianista”, sobre una rígida profesora de piano (Issabelle Huppert) que tiene una visión del sexo muy particular, por no decir enfermiza, como muestra cuando se enamora de un joven y atractivo alumno. Es una película turbadora, un pestiño para muchos, una obra dotada de gran profundidad para otros. Haneke se suele mover por ese delicado filo.

Esta no ha sido una relación minuciosa, y como estoy seguro de que me he dejado muchas películas en el tintero están invitados a hacer aportaciones en los comentarios. Antes de irme, hablaré de una bizarra película de Peckinpah cuyo protagonista (un genial Warren Oates) también toca el piano antes de hacer cosas peores: “Quiero la cabeza de Diego García”, una obra que cuando a alguien le dé por desempolvarla acabará siendo de culto. Mafia, venganza, pistoleros a sueldo, muerte, excesos y decadencia en territorios fronterizos: si es usted un goliardo, hágase con ella.

viernes, 9 de julio de 2010

Cine mudo ruso

Dr. Strangelove: En un principio fui un gran admirador del cine mudo de la URSS, hoy he perdido algo de entusiasmo. Sigo encontrando fascinantes sus logros técnicos y su maestría en el montaje, pero cada vez siento más el peso de las carencias de este cine, casi siempre limitado guionísticamente por las imposiciones del cine de propaganda.

En una revisión reciente he visto La huelga, de Eisenstein, que contiene planos memorables y anuncia la llegada de obras maestras como Octubre y, sobre todo, El acorazado Potemkin, pero que también adolece de una simplicidad argumental que se agravaría en La línea general, también conocida como Lo viejo y lo nuevo, para mí la película más floja de este excelente autor.

También vi la adaptación al cine de La madre, novela de Gorki, por Vsevolod Pudovkin. Pese al carácter panfletario de la obra, el film alcanza cotas muy elevadas, acercándose a lo mejor de Eisenstein desde un carácter más humanista que aquel. La vertiginosa media hora final de la película me parece sublime. Pudovkin no fue tan brillante en El fin de San Petersburgo, obra de propaganda maniqueísta que no aporta nada a los filmes comentados y que resulta tediosa. Algo más original y notable es Tempestad sobre Asia, que traslada la acción a las repúblicas centroasiáticas de la URSS.

Alexander Dovzhenko es el director de Zemlya (Tierra), una película muy celebrada por el lirismo, poco común entre sus coetáneos, con el que refleja la relación del hombre con el campo. Lástima que más allá de esto no haya mucho más, sólo un guión pobre que defiende la colectivización de las tierras en Ucrania (que desembocaría en la muerte de millones de personas por hambruna en el terrible Holodomor, teniendo por tanto un trasfondo tan trágico y cuestionable como las películas de la alemana Riefenstahl).

En definitiva, el cine ruso de la época muda tiene un lugar indiscutible en la historia del séptimo arte, y no dudaría en recomendar el visionado de, al menos, alguna de las referencias (como El acorazado Potemkin, La madre o la experimental El hombre de la cámara, de Dziga Vertov) a cualquiera que tenga cierta inquietud artística en su aproximación al cine. No obstante, revisando estas obras me da por pensar que, en el fondo, tienen algo en común con la archimoderna Avatar y es que, destacan por la técnica, pero fallan (unas más que otras) en el guión.