viernes, 9 de julio de 2010

Cine mudo ruso

Dr. Strangelove: En un principio fui un gran admirador del cine mudo de la URSS, hoy he perdido algo de entusiasmo. Sigo encontrando fascinantes sus logros técnicos y su maestría en el montaje, pero cada vez siento más el peso de las carencias de este cine, casi siempre limitado guionísticamente por las imposiciones del cine de propaganda.

En una revisión reciente he visto La huelga, de Eisenstein, que contiene planos memorables y anuncia la llegada de obras maestras como Octubre y, sobre todo, El acorazado Potemkin, pero que también adolece de una simplicidad argumental que se agravaría en La línea general, también conocida como Lo viejo y lo nuevo, para mí la película más floja de este excelente autor.

También vi la adaptación al cine de La madre, novela de Gorki, por Vsevolod Pudovkin. Pese al carácter panfletario de la obra, el film alcanza cotas muy elevadas, acercándose a lo mejor de Eisenstein desde un carácter más humanista que aquel. La vertiginosa media hora final de la película me parece sublime. Pudovkin no fue tan brillante en El fin de San Petersburgo, obra de propaganda maniqueísta que no aporta nada a los filmes comentados y que resulta tediosa. Algo más original y notable es Tempestad sobre Asia, que traslada la acción a las repúblicas centroasiáticas de la URSS.

Alexander Dovzhenko es el director de Zemlya (Tierra), una película muy celebrada por el lirismo, poco común entre sus coetáneos, con el que refleja la relación del hombre con el campo. Lástima que más allá de esto no haya mucho más, sólo un guión pobre que defiende la colectivización de las tierras en Ucrania (que desembocaría en la muerte de millones de personas por hambruna en el terrible Holodomor, teniendo por tanto un trasfondo tan trágico y cuestionable como las películas de la alemana Riefenstahl).

En definitiva, el cine ruso de la época muda tiene un lugar indiscutible en la historia del séptimo arte, y no dudaría en recomendar el visionado de, al menos, alguna de las referencias (como El acorazado Potemkin, La madre o la experimental El hombre de la cámara, de Dziga Vertov) a cualquiera que tenga cierta inquietud artística en su aproximación al cine. No obstante, revisando estas obras me da por pensar que, en el fondo, tienen algo en común con la archimoderna Avatar y es que, destacan por la técnica, pero fallan (unas más que otras) en el guión.

7 comentarios:

raúl dijo...

uf! no sé si algún día tendré los arrestos necesarios para tragarme una peli de cine soviético mudo. me falta madurar, o algo. la escena que compartes es tremendísima, desde luego. pobre crío!

Sr. Chinaski dijo...

Interesante disertación, aunque me parece un poco agresivo el comparar el cine ruso del primer cuarto del siglo XX con Avatar.

Sr. Chinaski

Elena dijo...

joderen, y yo enganchada a Bob Esponja,
ya no se que pensar...

Lobo de Bar dijo...

¿Se pueden ver películas así yendo sereno?

Elena dijo...

jajaja, depende...podría ser algo bueno, otro punto de vista más desinhibidido (buffff casi no logro escribirlo), más primario. En este caso, seria altamente recomendable una buena tajada vodkiana.

¿Nunca habeis ido borrachos al cine? Yo vi "Top Secret" en mi adolescecia.

Elena dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Dr. Strangelove dijo...

Ay, irresponsable juventud... Ya aprenderéis a valorar este cine, de momento, si tenéis que emborracharos para hacerlo, adelante, no seré yo quien os lo impida.

Sr. Chinaski, la comparación con Avatar creo que no es espuria, pero no negaré que las aportaciones del cine mudo ruso fueron muchísimo más importantes que las de ese engendro azulado.