miércoles, 14 de julio de 2010

Mundial goliardesco

Narrador omnisciente: Lobo de Bar se sienta en una de las sillas de plástico de la terraza y pide una jarra de cerveza con limón. Hoy hay más gente que en partidos anteriores, hay incluso mujeres atractivas.

Está algo nervioso. Es sólo un deporte, un tanto absurdo además, incluso denostado por muchos goliardos. Pero está nervioso.

Rememora cómo empezó el mundial para él, cuando estaba de viaje. Sólo vio el final del primer partido, después de que un extraño individuo alojado en el albergue de San Petersburgo que regenta un familiar del gran Lebowski le dijera que España iba perdiendo contra Suiza.

Sin esa derrota, es probable que no hubiese prestado mucha atención a la primera fase, estaba de vacaciones, tenía cosas que hacer, pero no se pudo resistir al morbo: ¿la selección iba a volver a cagarla aún teniendo un equipo realmente espectacular?

España comienza bien contra Holanda, dominando, con una buena ocasión de Villa. El nivel de la jarra baja a gran velocidad.

El partido de Honduras lo había visto en Riga, en una cervecería llena de Españoles que no sabían si mirar la pantalla o el escote de las camareras; el de Chile, en un bonito y casi vacío bar de Vilna, en una cadena donde un comentarista español hacía de experto. Lobo de Bar imaginó la escasez de expertos en fútbol españoles que hablasen lituano, pero no creyó que aquel periodista en el exilio lo hiciera peor que J.J. Santos. Los lituanos se habían librado de él, y de otros opinadores insoportables como Julio Salinas o el caraplato de Antena 3. “Afortunados ellos – se decía ahora – pero se lo merecen, ya sufrieron mucho con el comunismo”.

Holanda ha empezado a dar patadas por doquier y el juego de España se resiente. Casi nadie habla, los cigarros se consumen.

El de Portugal fue el primer partido que Lobo de Bar había visto en la terraza del Rincón de Goya. El regreso a la vida rutinaria en España estaba siendo entonces duro para él, y ver los partidos al aire libre rodeado de goliardos de distinta condición se salía de lo común, era algo a lo que agarrarse.

“Fue aquella una trabajada victoria – pensaba - 11 jarras y charla hasta las 4 y media de la mañana.” Al día siguiente, el infame dipsómano había tenido que coger un tren a las 7:20 a.m. que, inexplicablemente, no perdió.

Aparece en escena un viento premonitorio de tormenta.

Splinter (goliardo, enfermo, estudiante no tuno): Esto se está poniendo feo.
Sr. J. (nada que ver con el de Los Planetas): Como llueva vamos jodidos.
Lobo de Bar: Molaría que lloviese, pero después del partido, no ahora.

Con Paraguay, Lobo de Bar había albergado pensamientos negativos. Temió que volvieran los viejos fantasmas y el malditismo de la selección, pero ésta no había decepcionado, tuvo en los momentos precisos la suerte que le había sido esquiva durante muchos años.

Sr. J.: Creo que me ha caído una gota.

"El partido frente a Alemania - se decía Lobo de Bar - fue realmente el más fácil, y es donde mejor se ha visto la grandeza de este equipo, teníamos que haber metido más goles".

Splinter: Pues sí, parece que llueve...

Los relámpagos se suceden entre las nubes, la lluvia va in crescendo desde apenas unas gotas hacia el diluvio, el partido todavía está en el primer tiempo.

Lobo de Bar: Bah, esto no es más que una tormenta de verano, durará 15 minutos y nos dejará frescos. Yo no me muevo.

Splinter, J. y algún otro goliardo tampoco. La televisión está protegida por unas sombrillas y un toldo, algunos asistentes se refugian junto a ella, donde apenas pueden ver el partido, otros se cobijan bajo otras sombrillas, o debajo de las mesas, los goliardos consiguen los mejores sitios, frente a la pantalla, a la distancia perfecta.

Termina el primer tiempo. Se sienten incómodos, el partido no se está desarrollando como le interesa a España, la tormenta continúa, ahora sube y baja de intensidad, pero no se detiene.

Splinter: Así es imposible fumar...
Lobo de Bar: Voy al baño y enciendo un cigarro.

En la reanudación, el partido no da muestras de mejora para los intereses de los congregados. Y la lluvia sigue. Casillas para un balón casi imposible, algunos goliardos, cada vez más mojados, empiezan a tiritar.

Lobo de Bar: Ahora ya da lo mismo, no hay un solo centímetro de mi cuerpo que no esté chipiado. Podría meterme a la piscina y ni me daría cuenta.
Splinter: Ya te digo... Joder, esto huele a penaltis... nos va a dar algo.

Tras una breve pausa la lluvia vuelve a arreciar, la gente deambula, salta, se desespera, cada vez es más difícil ver el partido, cuando los ojos no están anegados, alguien pasa por el medio. El paquete de tabaco está irrecuperable, tampoco sería posible encender un hipotético cigarro superviviente con semejante lluvia, apenas se ve el horizonte. Las jarras permanecen resguardadas bajo la mesa, bien protegidas, los goliardos beben de ellas de vez en cuando, procurando que no les entre agua.

Se suceden los uys y los sobresaltos en medio de la tormenta, de repente, ¡Gol de Iniesta! Es la apoteosis para muchos personajes empapados que saltan y gritan y se abrazan entre sí. Algunos se quitan la camiseta, otros agitan banderas, todos salpican. Se rompen varias jarras y platos. El Rincón de Goya parece un manicomio o una piscina, o ambas cosas.

Minutos de sufrimiento, ahora casi no llueve sólo chispea, alguien canta y, el árbitro, ¡pita el final! El júbilo se vuelve a apoderar de los presentes, eufóricos, desbordados, felices. Se oye: “¡Campeones del mundo!”, “¡Campeones del mundo!”, “Pensé que nunca lo vería”.

Sr. J.: ¡Y encima, fiesta de camisetas mojadas, esto es el paraíso!

Efectivamente, varias féminas tienen sus vistosos cuerpos calados y su ropa adherida subraya la voluptuosidad de sus cuerpos, pero es sólo una broma de J., la fiesta tiene poco de sexual, la alegría embriagadora que inunda a ese grupo de gente mojada es de índole distinta, difícil de comprender y de describir, probablemente poco racional, puede que criticable, pero yo, narrador omnisciente, les envidio, me gustaría poder vibrar con ellos y saltar y abrazarme mientras mi cuerpo chorrea, me inundo de buenos sentimientos y los efluvios de la lluvia, el alcohol y la victoria consiguen que me olvide de todo lo mezquino que tiene la vida.

5 comentarios:

Elena dijo...

jajajaja, pero mira que eres canalla, has conseguido que me lo lea todo de un tirón y que me ria, siendo mi postura inicial de "vaya cabronazo, que rollo nos ha metido, vamos a tener que ponerle un límite de palabras" y me esté muriendo de sueño por una reunión sectaria criminal (im)puesta de 14.00 a 15.30 en el culo del mundo

gracias macho!

raúl dijo...

ver el mundial por el mundo, tú sí que sabes! el relato es fantástico, principalmente porque traduces muy bien lo fantástico del momento, esas pequeñas grandes cosas que nunca se olvidarán.

Anónimo dijo...

jajajaj muy bueno. q recuerdos, parece que fue hace una semana por lo menos jeje. unas horas maravillosas.

Splinter

Vinicius Mond dijo...

Sí... el fútbol es una magnífica arma de destrucción masiva de conciencias, nos servirá para nuestros propósitos.

Lobo de Bar dijo...

Cómo se te va la pinza Vinicius.

Gracias a los que les ha gustado el relato, me alegro. No sé si el Narrador Omnisciente puso que se pegó lloviendo sin parar como hora y cuarto o asín...