martes, 16 de julio de 2013

Duelo a muerte en un ático decadente

Un misterioso ser volador ha entrado en la cueva de Lobo de Bar. A simple vista parece una polilla, pero su tamaño es más bien el de un dragón mediano. Al goliardo no le agrada que invadan su intimidad y en su cueva ya convive con salamanquesas, lepismas, pelusas, arañas e incluso hormigas. No está dispuesto a que ese nuevo poblador le dispute la primacía en el hogar.

Abre la ventana para explicarle con buenas maneras que no es bien recibido, que se busque otra cueva o que migre al Norte. Ni puto caso. La polilla, quizá ebria, se choca con todo y termina por esconderse detrás de un armario.

Lobo de Bar prosigue con sus quehaceres: remendar una camiseta de los Stooges, beber oporto, comer nachos, fumar en pipa... Cuando termina se asoma a la ventana, luna llena, y se recoge con intención de dormir.

No le resulta fácil, tras varios días de farra consecutivos su cuerpo está desorientado y no sabe cuándo desconectarse. Entre la masturbación, las drogas y la lectura del Ulises opta por este último sedante. Tras una hora le vence el sopor.

Su sueño no es del todo profundo sino más bien cercano al duermevela. Le salpican imágenes inquietantes que vive como reales. Conduce con su padre un todoterreno por pistas embarradas, de noche, y siempre se equivoca de camino. Tiene que hacerle una entrevista a una actriz porno, olvida la grabadora. Está encerrado en una jaula de bambú y tiene los bolsillos llenos de azafrán, le han atrapado unos aborígenes australianos antropófagos. El todoterreno se avería. La actriz porno le dice que tiene una sorpresa para él mientras se pinta los labios.

Algo capta la atención de Lobo de Bar y abandona el mundo de los sueños. Es un golpear detrás del armario. Se acuerda de la polilla, ¿cómo podía haberla olvidado?

El goliardo enciende la luz y el monstruo volador sale de su escondite. Sobrevuela su hogar torpemente, choca con paredes y puertas, va de una habitación a otra.

Quiere pensar que busca una salida, pero algo le dice que en realidad está embrujando su casa mediante un conjuro y un polvillo casi imperceptible que cae de sus alas como un contrario del maná. Intenta orientarla hacia las ventanas y que se vaya para siempre. A veces se acerca al exterior, a la noche, luego vuelve y sigue revoloteando y soltando el misterioso polvillo maléfico.

La polilla se posa en la pared y Lobo de Bar ve sobre sus alas extendidas un extraño dibujo: un retrato en color sepia de Dan Brown. Es la señal definitiva.  Va hasta la cocina y se arma con una botella vacía de Glenfiddich.

Su feroz antagonista se ha escondido. Lobo de Bar la busca, sigiloso, esgrimiento la botella. Por fin sale, de debajo de la cama y se enfrenta a él, le encara, y Lobo de Bar se defiende de los temibles ataques como bien puede, como ha visto defenderse a Errol Flyn en las películas de capa y espada, como los valientes que lucharon contra Godzilla, como San Jorge contra el dragón.

La sombra de su enfrentamiento proyectada en la pared es temible, digna de una película alemana expresionista. La polilla parece algo mayor que un pterodáctilo adulto, y mucho mayor que Lobo de Bar.

El goliardo suda, la polilla chilla como un murciélago que se ha dado un golpe en las pelotas. Lobo de Bar pasa al ataque en un intento desesperado. El monstruo esquiva sus audaces estocadas con la botella verde de Glenfiddich, hasta que, con un movimiento aprendido de Mifune como Miyamoto Musashi en la trilogía del Samurai, le alcanza y le destroza contra la pared. Mil cristales saltan, una mancha horrible decora el tabique con sangre, vísceras y líquidos viscosos entre el amarillo y el verde.


Lobo de Bar suspira, exangüe, completamente desvelado. Con un hisopo rocía las paredes y el suelo, por donde ha pasado la polilla. Se sienta en el salón, vaso de whisky en mano, los ojos completamente abiertos en dirección a la ventana. Sabe que las polillas nunca vienen solas. Y que son muy vengativas. 

6 comentarios:

Ana María dijo...

¿La noche de las malvadas polillas?

:*

P. Lavilha dijo...

Hace poco me pasó algo parecido con una de esas avispas con el tórax muy delgado, como esos elefantes de patas largas de Dalí... fue terrible.

Sr. Chinaski dijo...

Ese tipo de polillas son duras de cojones. Yo suelo ponerme la máscara de gas que tengo lista para tales ocasiones y las gaseo. Tras probar muchas composiciones he descubierto que la garúa limeña es la solución óptima.

Sr. Chinaski

Sr. Chinaski dijo...

Ese tipo de polillas son duras de cojones. Yo suelo ponerme la máscara de gas que tengo lista para tales ocasiones y las gaseo. Tras probar muchas composiciones he descubierto que la garúa limeña es la solución óptima.

Sr. Chinaski

Lobo de Bar dijo...

Joder, la máscara de gas me hubiera venido de puta madre.

Salamandra dijo...

Chico, haberla aceptado como animal de compañía ...