domingo, 3 de mayo de 2009

Historias para no dormir

Complicado se le presentaba el reinado a Witiza pero (y sin quitar importancia a las serias dificultades a las que tuvo que hacer frente en su gobernanza), me gustaría ver al visigodo tratando de desenvolverse en el complejo mundo de la noche de hoy en día.

¿Qué hubieras hecho tú, Witiza, si después de tres días de farra continua en valles y en montañas, con un alto grado de confusión en el cuerpo, hubieras llegado al punto de embriaguez óptimo para conocer a gente (en general y, en concreto, a mujeres) y te encontrases con una misteriosa y terriblemente atractiva mujer, de ojos azulísimos con la que crees que todo se está desenvolviendo a las mil maravillas hasta que te enteras de que es lesbiana, tiene novia, y también un churumbel de diez años? ¿Qué cara hubieras puesto Witiza ante tan extravagantes circunstancias? ¿Cómo hubieras reaccionado? ¿Hubieras sido capaz de no sucumbir ante su mirada, ante sus preciosos labios con los que de vez en cuando te besa y, sobre todo, ante el devastador efecto que su hipnótico acento argentino provoca en las pocas neuronas que han sobrevivido en tu depauperado cerebro después de tres días de jarana? ¿Habrías, Witiza, podido enderezar el rumbo a tan difícil situación o te hubieras quedado con ella toda la noche y parte del comienzo del día siguiente llevándola a tu casa aún sabiendo que en unas pocas horas tienes una comida familiar a la que sería recomendable no acudir rezumando alcohol por todos los poros de tu cuerpo?

Pero... ¿por qué te estoy preguntando a tí Witiza, que estás muerto y que acabaste jodido y sin reino? ¿Por qué no pregunto mejor a mis insignes lectores, ya sean asiduos o casuales que, seguro, tienen algo más interesante que decirme?

¿Creen ustedes que el personaje al que le ocurrió esta extrañísima historia (y que, por supuesto, no fui yo) se comportó de forma acertada porque experiencias así merecen ser vividas o, por el contrario, piensan que hizo el capullo de forma categórica e inexcusable?

5 comentarios:

Jorgemarmor dijo...

Tu salud mental no corre ningún peligro siempre y cuando no completaras el fin de semana jugando a algún juego friki sobre centrales eléctricas en alemania o algo por el estilo.

Coco PowerGrid

Lobo de bar dijo...

Maldición

pableras dijo...

debes de creer que todo gran fracaso es una gran forma de aprender. Prefiero aprender mil veces esa lección, que no verme anonadado e impertérrito ante un mango, de una que pensaba que era argentina. Piensa que la única barrera que tiene un misógina mente como la nuestra es la contemplación de obtener sexo. Libera tu mente de esas cadenas pedazo de lasciva carne con gónadas sobreexcitadas.

Rouse dijo...

Un tanto precupada por lo que leo sobre mente misógina como si todas las mujeres fueran tontas irremediables decido olvidarme para dejar un comentario sobre la experiencia del personaje que por nada del mundo debemos asociar con nadie conocido y cuyo parecido es pura coincidencia, como decía al final de algunas películas.

Digo que después de todo no me parece que lo pasó tan mal y que peor experiencia fue la del protagonista de "El juego de las lágrimas" cuando descubre que la mujer de la que se ha enamorado es un travesti.

Le aconsejaría al personaje de la anécdota inicial que pruebe a encontrar las páginas de Rayuela, en la historia lineal de La Maga y Olivera, donde opina sobre la gente que cree que el amor se elige como si fuera un mueble, se planifica como si fuera planificable cuando se trata de un rayo que te enceguece cuando menos lo esperabas.

Lobo de bar dijo...

Don Pablo... veo que os ha llegado internet a Poland, jajaja, me alegro de verte por aquí.

En cuanto al protagonista de la historia, niega categóricamente cualquier grado de misoginia y dice que su problema es, más bien, el contrario. Como dice Rouse partiendo de Rayuela, sabe que el amor enceguece cuando menos lo esperas, y lo cree aún más fervientemente cuantas más experiencias de todo tipo vive.

Por otra parte, tras unos días de reflexión, considera que efectivamente la situación no fue tan mala y que de todo se aprende, siempre que se sepa vivirlo de verdad, hasta que forme parte de uno mismo.